Psicologia de la Sencillez  

Transformar la actitud acerca de la vida y sus situaciones, implica comprometerse con un camino que sea coherente con lo que deseamos lograr. La vida es sencilla, si permanecemos atentos y en contacto con nuestras emociones, la claridad resultante nos permitirá tomar decisiones acertadas y aprender a fluir con ella, no es posible tener una actitud sencilla ante las dificultades y la vida en general, si las soluciones o caminos que escogemos para lograrlo se nos presentan, técnicos, sofisticados o mágicos.

Recuperar la sencillez en el trabajo terapéutico surge de la experiencia clínica, de más de diez años, acompañando procesos de diversa índole y poco a poco descubriendo que cualquiera que fuese el motivo de consulta, era posible una forma de intervención  sencilla, comprensible y asumible, que proporcionara herramientas esenciales a la persona, no solo técnicas para manejar situaciones, sino un modelo de comprensión, para aprender a transformarse, al mismo tiempo que transformar la realidad.

La Psicología de la Sencillez es una invitación a emprender este camino “ausente de adornos y composturas”, “ausente de dificultad o complicación”, recuperando el único compromiso necesario para la transformación: el compromiso con uno mismo, sin distracciones, haciéndonos cargo de lo que somos y de lo que hacemos. Es una forma de trabajo sin artificios, el único requisito es la perseverancia, “no retirar los ojos del espejo” por muy desagradable que nos resulte la imagen que refleja por momentos. La vida como una gran meditación en la que una y otra vez debemos volver al centro.

El camino de la sencillez en la terapia no se traduce en términos de inmediatez en los resultados, tampoco esta asociado con un proceso absolutamente placentero, es sencillo en la medida que esta desprovisto de interpretaciones innecesarias, centrándose, en términos generales, en aprender y cultivar las cualidades de observación, aceptación y coherencia como núcleos que posibilitan el cambio de perspectiva, sin importar la situación que sea: un duelo, una enfermedad, problemas en las relaciones, una fobia.
El camino de la Observación  

Antes de siquiera proponernos gestar cambios o transformaciones en las situaciones que nos vemos implicados, o de los sentimientos y emociones que albergamos, es importante tomarse un tiempo para “Observar”.
Observar no es simplemente ver y va un poco más allá del “ser concientes de”, implica una atención conciente, libre de juicios o justificaciones acerca de nosotros mismos o de las relaciones.
Una observación desligada de lo que está bien o mal, de lo que debería o no debería ser, utilizarnos como el objeto de estudio, ¿Qué siento en tal o cual circunstancia? ¿Qué pensamientos se disparan? ¿Cómo se siente mi cuerpo? ¿Como respondo? ¿Que acciones genera en mi este contexto?.

Debemos, antes de empezar a buscar cualquier solución a aquello que nos incomoda o nos limita: una relación deteriorada, un sentimiento de dolor, la sensación de vacio, etc., dedicar un tiempo a observarnos, con una actitud compasiva, sin maltratarnos, sin recriminarnos, simplemente viendo las cosas tal cual son. Observo lo que esta situación genera en mi: ”… mi cuerpo se empieza a sentir tenso, mis pensamientos empiezan a ir mas rápido, lo observo, lo registro, se apodera de mi una gran rabia, pero al mismo tiempo siento impotencia, mis pensamientos solo se centran en defenderme, ya no estoy escuchando lo que me dicen, solo pienso en como salir de esto, en como escapar, lo observo, lo registro…”

Observar, con la conciencia y la atención puestas exclusivamente en ver lo que ocurre en mi, en la relación con los otros, con el exterior, e incluso conmigo mismo y las propias creencias.
No es necesario buscar desesperadamente afuera maestros y teorías, cuando toda la información, TODA, nos la está proporcionando a cada segundo todo nuestro ser, volver la mirada hacia nosotros y aprender a relacionarnos con lo que hay, es el mayor aprendizaje y el mas gratificante.

Sólo empieza por observar…sin intentar cambiar…observar, sin enjuiciarte… observar con una mirada dulce acerca de ti mismo, incluso puedes llegar a reírte de lo que te descubres haciendo, pensando o sintiendo…éste es el camino!

Pregunta: ¿Cómo puedo solucionar un problema que está completamente por debajo de mi nivel de conciencia?

Nisargadatta: Siendo tú mismo...observándote durante tu vida cotidiana con un interes despierto, con la intención de comprender más que de juzgar, aceptando plenamente lo que emerja, sea lo que sea, por el mero hecho de que ya está ahí.
Este es el gran trabajo de la conciencia: elimina obstáculos y libera energías por medio de la comprensión de la naturaleza de la mente. La inteligencia es la puerta de acceso a la libertad y la atención despierta es la madre de la inteligencia.
NISARGADATTA MAHARAJ, "Yo soy Eso"

La Cualidad de la Aceptación  

Cuando te entregas a la observación y te entrenas en ver las situaciones tal cual son, irremediablemente empezará a surgir en ti la cualidad de la aceptación.
Es un proceso natural, no parte del deseo “de aceptar” nace de la práctica de la observación desligada.

Cuando te relacionas y te haces cargo de aquello, que las situaciones, o las relaciones, generan en ti, comienzas a responsabilizarte, reconoces como tuyos esos sentimientos, las interpretaciones, los actos, no eres una víctima de la realidad, todo aquello que pasa por tu ser, es tuyo, no de la situación o del otro.
Decides ver al otro tal cual es, y empiezas a asumir todas las proyecciones que has hecho sobre él, todas las expectativas, que finalmente eran solo tuyas, y que has puesto sobre las relaciones, en casa, en el trabajo, contigo mismo, sólo de allí surge la aceptación, es resultado, no inicio o propósito.

Aceptar implica conocer, tus pensamientos, sentimientos, el marco de creencias que te ha tenido encajado en una realidad, y que te hace interpretarlo todo de la forma que lo haces, si no te has relacionado con todo ello, el proceso no se llamará aceptación probablemente tenga otros nombres incluídos resignación o conformismo.
Aceptar es amistarse, con los fantasmas, con la sombra, con el miedo, con “el otro que hay en ti”, sentarse en la misma mesa con el dolor, mirarle a los ojos e incluso… compartir un café.

Si decides iniciar el proceso, si te comprometes con la observación compasiva de ti mismo, la aceptación será una cualidad que impregnará de vitalidad tus actos, que te permitirá sentirte ligero por la vida, ya que implica soltar expectativas y esperanzas, y que poco a poco irá transformando esos ojos con los que crees ver el mundo…

"Si estamos dispuestos a renunciar a la esperanza de que la inseguridad y el dolor pueden ser exterminados, entonces podemos reunir el coraje de relajarnos en nuestra situación sabiendo que no podemos aferrarnos a nada." Pema Chödrön

Pasar a la acción, el poder de la Coherencia.  

Aprendemos a decir lo que “deberíamos decir”, a hacer “lo que deberíamos hacer” y a intentar sentir “lo que se debería”, y llegamos a acostumbrarnos tanto que ya lo damos por real, “es lo que tendría que ser”.
Sin embargo en nuestro interior, aunque débilmente, hay algo que sigue resonando y que no se resigna, una sensación que se alimenta de impotencia, y en la cual, si nos damos el permiso de sumergirnos, encontraremos todo lo que no hemos expresado o hecho, por el temor de no ser aceptados o amados, e intentar encajar.  Encajar, en la que creo, mi descripción de la realidad, en lo que “considero” se espera de mi, pero en este intento hemos pasado por encima de nosotros mismos, en la mayoría de casos, por algo que ni siquiera nos piden desde afuera, solo respondiendo a nuestras suposiciones.

La mayoría de nuestros conflictos, si lo observamos con detenimiento, provienen de la necesidad de coherencia y el asfixiante espacio que le vamos dejando en nuestras vidas, son un grito desesperado llamando nuestra atención sobre lo que realmente necesitamos: alinear la mente, el corazón y los actos.
A través de la observación y la aceptación vamos alineando mente y corazón, falta pasar a la acción.

Observa cada uno de esos actos por pequeños que sean, mira tu agenda…¿a cuantos de esos encuentros dirías que no? ¿De toda la gente que ves en tus ratos libres, con quien realmente te gustaría estar? ¿De esos compromisos sociales, a cuales de verdad quieres ir? ¿De las llamadas pendientes, cuales en realidad deseas hacer?¿En realidad quieres hablar de eso? ¿Cuantas cosas al día haces por obligación? ¿Cuantas porque realmente deseas? ¿Cuantas veces al día dices lo que en realidad piensas sientes?.

Si lo miramos con la distancia suficiente, hemos creado unos contactos sociales en los que, en muy escasas oportunidades, nos otorgamos el permiso de decir y hacer lo que realmente pensamos, hemos ido perdiendo poco a poco la espontaneidad, y es inevitable que de esta forma nos envuelva cada vez mas el aislamiento acompañado, la soledad concurrida, no estamos contactando, estamos actuando el contacto.

Coherencia no se refiere a una sinceridad que atropella y maltrata, es un proceso complejo, en la medida que en él intervienen cualidades sencillas, coherencia implica conciencia y compasión, conmigo, con el otro, implica una atención cuidadosa y la impecabilidad de los actos.

Así como tras la observación es inevitable la aceptación, una vez están juntas es inevitable que surja la coherencia, en este proceso es un paso necesario, el cuerpo te lo pide, una vez tienes la claridad de la observación sin juicios y te haces cargo de lo que descubres en ti, esa misma inercia te empuja con fuerza a querer alinear tus actos en una misma dirección.

Empieza por todas aquellas situaciones sencillas, pequeñas, que serán la mejor escuela para cuando vengan los “no” y los “si” rotundos. Tendrás que avisar a quienes te rodean, que a partir de hoy, o de mañana si hoy no es el día, vas a alinear tu mente tu corazón y tus actos y que en este sentido pides consideración  y compasión, porque seguramente de tu boca saldrán cosas que no están acostumbrados a escuchar (sin connotaciones de bueno o malo), porque dejaras de hacer  aquello que hacías en automático pero que no te satisfacía.  Probablemente en esta primer toma de contacto, las situaciones parecerán un poco bruscas, pero exponerse es la única forma, poco a poco irás encontrando el camino, la coherencia suave, en la que tú y los que están en tu compañía se sentirán reconfortados y auténticos.

Es preciso florecer y solo es posible a través de la coherencia…